Cuando el paciente no te lo dice, pero es posible apreciarlo, observarlo, experienciarlo en el evento.
Cuando la emoción humedece nuestros ojos y eriza nuestra piel.
Cuando parece que estamos viendo frente a nuestros la transformación más bella salir de su propia crisálida.
Cuando de pronto y fuera de toda expectativa, en ese espacio tan íntimo entre co-terapeutas y cliente,
aparece,
como si nada,
libre,
un otro capaz de reconstruirse desde sus propias cenizas.
Cuando parece que aquella psicoterapia funciona...
No hay comentarios:
Publicar un comentario