lunes, 13 de junio de 2011

Ama y serás amada

"El ego se tiene que desgastar, como un zapato viejo, transitando el sendero que va desde el sufrimiento hasta la liberación"
Rinpoche.

Apenas estoy tomando conciencia de que estoy en el "dukha", en la insatisfacción permanente, en la necesidad humana básica de asirme de algo y sentirme, por fin, completa. Entiendo que en mi caso, esta insatisfacción, este inconformismo, es fundamentalmente una profunda y visceral necesidad de certezas, de seguridad, de amparo. Siento que no puedo mantenerme en la sensación de indefensión que de tanto en tanto me invade, huyo de ella constantemente, la niego, la disfrazo, pero no la sostengo. Incluso en los momentos más difíciles de mi vida, cuando he quedado evidentemente indefensa, he generado un muro a mi alrededor y me he refugiado en el, sumiéndome en la más profunda y absurda soledad, la de no pedir ayuda, la de no aceptar que eso era lo que necesitaba.

Entiendo que el sufrimiento proviene de la permanente insatisfacción, de la continua lucha por completarnos. Comprendo que mi identidad se ha desarrollado a partir de la lucha por sentirme segura. Y hoy, el desafío consiste en aceptarme "así de insegura", como parte de este gran concierto que es el Universo, el verdadero desafío es simplemente SER.

jueves, 5 de mayo de 2011

Defensa Quebrada

“Al comienzo de nuestra vida nuestra conciencia se halla tan abierta y somos tan vulnerables, que no tenemos más alternativa que protegernos con la máscara de la personalidad”

Todos los seres humanos llegamos a nuestra existencia en condición de absoluta dependencia de un otro, que nos cuide y permita que sigamos viviendo. Es entonces cuando nos vemos enfrentados a la posibilidad de la no existencia, sintiéndonos en la necesidad de protegernos de esta amenaza, desarrollando en esta primera instancia la ilusión de estar separados de todo lo demás, la ilusión de la diferencia.

Personalmente, al indagar en la construcción de mi propia identidad, logré reconocer que el principal dolor del que necesité protegerme, fue de la sensación de desamparo ante una madre sobrepasada por las exigencias que le imponía mi cuidado. Creo que en este momento comencé a diferenciarme y separarme del entorno que me rodeaba, sintiendo la incomodidad de la autoconsciencia, que se acompañaba por supuesto, de la necesidad de aferrarme más fuertemente a la ilusión de mí misma. Así, fui completando el primer skandha, pues ante esta sensación de desamparo, y ya reconociendo al “otro”, fui desarrollando la estrategia de “no molestar”, lo que se tradujo en comenzar a desarrollar un mecanismo de defensa que me permitiera proteger la ilusión de mi propia individualidad, lo cual de acuerdo a lo que señala el segundo skandha, se constituye de nuestras sensaciones, pues al sentirlas mantenemos la ilusión de que sentimos algo externo y, por lo tanto, existimos.

Sin embargo, yo necesitaba dejar de expresar mis necesidades, de modo que aunque se me hicieran evidentes las sensaciones agradables, desagradables e indiferentes, desde esta existencia “sensorial”, me enfrentaba al desafío de esforzarme por pasar desapercibida y ser lo menos “carga” posible, en el afán de mantener mi estrategia defensiva.

Para lograr este objetivo, comencé a guardar e inhibir mis emociones, de manera que mi percepción se fue constituyendo en un mecanismo que automáticamente reaccionaba de forma aversiva a mis sensaciones, de modo que éstas ya prácticamente no pasaban por mi conciencia. Me distancié significativamente de mi misma, manteniendo las sensaciones sólo a nivel de mi cuerpo, como si éste no fuera también parte de mí, comencé a somatizar. Pero este mecanismo, cada vez más complejo fue el que me permitió el engaño absoluto respecto de mi propia ilusión, ya que así pude desarrollar la capacidad de racionalizar cada uno de los eventos a los que me veía enfrentada en el cotidiano, construyendo miles y miles de categorías distintas, que a su vez fueron definiendo la personalidad con la que me he ido identificando a lo largo de mi historia. Convirtiéndome en una persona complaciente, poco consciente de mis emociones, sobre todo las más dolorosas como la rabia o la pena; privilegiando muchas veces el bienestar de los otros por sobre el mío, entregando mucho de mí, con la esperanza de evitar la sensación de desamparo que me provoca la posibilidad de sentirme rechazada por otro. Sin embargo, esto mismo fue lo que me permitió desarrollar la capacidad empática y el interés por lo social, que desemboca en que haya decidido estudiar psicología y trabajar en el área de protección social.

Si bien, este proceso ha tenido altísimos costos, sobre todo en mi vida actual, no podemos ignorar que ha sido funcional y protector, resultando fascinante que esta experiencia dolorosa y angustiante sea la que me haya permitido desplegar los recursos necesarios no sólo para mi propia sobrevivencia, sino también para la auto superación.

Más interesante aún, resulta observar que este proceso de construcción de identidad que se inicia a partir de la ruptura con la totalidad y la necesidad de la aparición del ego, se desarrolla en cada ser humano, una vez que se enfrenta al dolor. Podría plantearse entonces, que la necesidad de generar, como seres humanos en el inicio de su desarrollo, mecanismos defensivos que nos permitan favorecer el proceso de cuidado y atención de nuestras figuras de apego hacia nosotros y, permitir así nuestra sobrevivencia, podría estar dada epigenéticamente como plantea Sheldrake, por la historia de la humanidad que habría guardado este proceso en su memoria arquetípica, generando campos mórficos de manera que a cada nuevo ser humano, se le facilite la tarea de generar su propio mecanismo de defensa para proteger su vulnerabilidad de un posible rechazo, considerando entonces dicho proceso como algo favorable y necesario para la permanencia de la especie. De este modo, este proceso aparentemente intuitivo y profundamente personal, guardaría relación más bien con la sabiduría que toda la humanidad e incluso el universo mismo, ha rescatado de su propia historia, como un camino más eficiente de evolución.

Ahora bien, es evidente que todos los seres humanos desarrollan en su temprana infancia mecanismos defensivos, constituyendo su personalidad, sin embargo considerando que todos accedemos a esta “intuición” gracias a campos mórficos que concertan la información de toda la humanidad, ¿cómo se explicaría que cada persona desarrolle un mecanismo diferente?. Sheldrake señala que los campos mórficos generan una influencia acumulativa, de manera que mientras más se repita un patrón, la influencia de éste será más intensa sobre las especies que se vean afectadas por éste a futuro, lo que nos permite pensar que el campo mórfico del contexto familiar cercano en el que nos desenvolvemos, influye mucho más directamente en nuestro desarrollo, tendiendo a mantener presente el estilo relacional de nuestra familia y restringiendo, por lo tanto, la gama de posibles mecanismos a los que podremos recurrir.

A partir de esta concepción, es posible plantear que todo el desarrollo del ego, tal como lo propone la psicología budista, estaría no sólo influenciado, sino que en parte determinado por los campos mórficos construidos por cada sociedad, de manera que la forma como vamos desarrollando nuestra “ignorancia”, sensaciones, percepción, categorizaciones e identidad, estaría absolutamente relacionada con el proceso equivalente que vivieron nuestros antepasados. Es decir, que mi temor al desamparo, probablemente sea arquetípico y su origen se encuentre en el dolor original que sufrieron mis ancestros más lejanos.

Pero la transmisión de esta sabiduría no es sólo vertical, sino horizontal, de modo que los nuevos mecanismos que puedan estar apareciendo en otras partes del mundo y generando a su vez campos mórficos, inevitablemente están afectando los caminos que yo puedo tomar. Esto nos lleva a tomar conciencia definitivamente de que la identidad a la que nos aferramos con tanta fuerza, no es más que una alucinación colectiva y sólo una dentro de un mundo de posibilidades infinitas, la que además podríamos llegar a concebir más bien como una gran herramienta que facilite nuestra relación con la totalidad y no como una prisión que determine el “yo soy”.

Una vez conscientes del camino que hemos recorrido, influenciados tanto por nuestro pasado como por nuestros contemporáneos, para sentirnos seguros ante la ruptura que nos genera la desconexión con el todo, y luego de cuestionar lo que considerábamos más cierto, nuestra identidad; no nos queda más que iniciar un proceso de aceptación de nuestra historia junto con la de toda la humanidad, para lograr por fin, volver a conectarnos con el universo.

sábado, 19 de marzo de 2011

No era la primera vez que me sucedía, que nos sucedía, casualmente (o no) a mi querida co-terapeuta le sucede lo mismo.
Nos encontramos frente a la paciente, en plena sesión, completamente apabulladas por lo que, luego pudimos reconocer, no era más que el mismo miedo de siempre.
Expuesto ahí, desnudo y desvalido como un pollo mojado.
Miedo a que??
El GRAN miedo a la simple desaprobación, a hacerlo mal, a no gustar, a que la paciente se enoje y no vuelva

Entonces lo vimos, era nuestro. Fuimos capaces de hacernos responsables de ese miedo y enfrentarlo. Capaces de plantarnos frente a la paciente, sosteniéndonos de nuestra técnica y decididas a exigirle también su propia responsabilidad personal. Dejando de complacer en búsqueda de aprobación.

Pero no fue un proceso exento de dolor, personalmente, confieso que me sentí profundamente avergonzada ante la evidencia de que mediante este mecanismo, intentaba mantenerme resguardada de la posibilidad de ser rechazada.

viernes, 1 de octubre de 2010

sábado, 4 de septiembre de 2010

Nada es verdad...¿Será todo Mentira?

Desde que llegamos a este mundo nos enseñan que una de las cosas más importantes para ser un Ser Humano “válido” en esta sociedad hay que aprender, estudiar, conocer, y ojalá ser “expertos” en aquel ámbito que elegimos como nuestra profesión. Ya ni siquiera es válido ser un profesional, la exigencia ahora es seguir estudiando, seguir formándonos para obtener la “expertice necesaria”. ¿Necesaria para qué? Bueno obviamente para tener éxito en lo que la sociedad estima nos conviene y es lo correcto (¿…?).

A medida que vamos creciendo sentimos que cada vez podemos ser más libres, libres en cuanto a las decisiones que tomamos, ya dejamos de pedir permisos a nuestros padres o a cualquier ser humano que represente este tipo de figura, y elegimos por ejemplo nuestra carrera creyendo que “ahora sí que somos libres para hacer lo que queramos, sin influencias externas que nos digan lo que tenemos que hacer”. ¿Será esto tan así? Si lo pensamos ¿Realmente tuvimos opción de elegir diferente?¿Elegir nuestra profesión es verdaderamente una decisión? Pues bueno, si miramos a nuestro alrededor no será muy difícil darnos cuenta que el bombardeo de información nos impulsa y somete a un estilo de vida que da por obvio el saber como valor fundamental para encajar y sobrevivir en esta sociedad, llevándonos a creer que si no somos profesionales, y peor “profesionales exitosos” sucumbiremos al monstruo de la competencia por destacar que en estos tiempos parece ser tan importante.

Ni siquiera quiero entrar a analizar ciertos términos que ocupo acá como “éxito”, “Ser Humano valioso”, “Correcto”, lo “Socialmente aceptado como verdad”, etc. Porque en este momento no es el tema para mí. Me gustaría más bien hablar de lo que significa el saber y si realmente es este tan importante como nos enseñan que es y acotarlo incluso más a mi profesión como psicóloga.

Durante los seis años de carrera, los profesionales que me enseñaron a trabajar en lo que después sería mi pasión, no paraban de repetir, e implicar que nuestra labor como profesionales de la salud es ayudar a la gente que sufre y consulta por ese sufrimiento. Ahora ¿que sería ayudar para ellos?, bueno a mi entender esta ayuda tenía que ver con tener ciertas pautas y conocimientos previos que involucraban ciertas estructuras de personalidad, o de formas de ser si queremos verlo más simple, donde teníamos que calzar a esos consultantes que llegaban. Esto era como tener ciertas “Jaulas” con determinadas características donde debíamos, literalmente, encerrar al consultante diciéndole un diagnóstico que implicaba que existían ciertas pautas relacionales en su pasado y en su presente que lo llevaron a ser como es ahora, y que por ser consultante, cierto, lo hacían sufrir. Este tipo de intervenciones no solo significaba que habían ciertas líneas de intervención que debíamos realizar con esa persona, sino también nos permitían de cierta manera predecir el futuro y que límites tendría éste para el consultante…what????!!!!. Ahora ¿tenía que ver este diagnóstico con el que observaba? En mi caso ¿Tenía que ver este diagnóstico, que yo distinguía, conmigo? Pues en ninguna parte de los libros o de las clases y asesorías se mencionaba esto, y me pregunto ahora ¿Por qué? ¿Será que nos da miedo darnos cuenta que lo que miramos y cómo lo miramos tiene todo que ver con nosotros y, la mayoría de las veces, nada que ver con el otro o los otros? Hablamos de diagnósticos pre establecidos sin mirar al consultante que tenemos al frente, construimos argumentos muy elaborados que hablan de lo “mal” que el otro está, de cómo “nosotros” los súper seres humanos (psicólogos, psiquiatras y otros profesionales vinculados con la salud) podemos “ayudarlos”, “ordenarlos” y hasta “rehabilitarlos”… en definitiva aprendemos a ser omnipotentes y nos enseñan a encontrar la manera de poder guiar a los clientes hacia una “Feliz vida” que lleva implícita el “normalizar” a los clientes con la idea de encajarlos nuevamente en lo que la sociedad estima nos conviene, es lo adecuado.

Ahora mi pregunta es ¿Quiénes nos creemos que somos como para elegir que es lo que le conviene a alguien y que es lo que no? ¿Quiénes nos creemos que somos como para decir que va a hacer más feliz a otra persona? Creemos que por estudiar una carrera tenemos derecho a decidir lo que para otro es lo adecuado, pero no nos damos cuenta que esta posición solo tiene que ver con el que observa, y que lo que decimos o pensamos del otro habla más de nosotros que del sujeto en cuestión. Estoy segura de que si realmente nos diéramos cuenta de esto, muchas veces esas palabras que creemos serán tan importantes para otro, ni siquiera saldrían de nuestra boca. Todo, y digo TODO lo que involucra nuestra existencia en esta vida lo construimos, re construimos, co construimos y de construimos a nuestra voluntad, a veces conscientes, a veces no tanto…¿influenciados? Pues por supuesto, no somos lo que somos solo por nosotros, no somos individuales, somos seres sociales sometidos al pasado, al presente y por desgracia también al futuro. Es por esto que quiero decirle a mis colegas y a los que no lo son que si queremos ayudar al otro primero ayudémonos a nosotros, miremos como miramos, pensemos los que pensamos y hablemos de lo que hablamos, porque la verdad, esa verdad que creemos existe solo existe para cada uno, y nunca es igual para otro. No todo es mentira, solo que esa mentira es verdad para otro y esa verdad solo es así para esos ojos.
Hanya

jueves, 26 de agosto de 2010

Hablando de demoler mandamientos...

"Las mujeres no podemos depender de nuestra pareja"
Ah si?
Ok, está bien, yo no "dependo" de mi pareja en ningún aspecto, cierto? No, claro que no... porque si lo hiciera... aaahhhhh!!!

Esas mujeres me dan tanta rabia!!! ¡¿cómo es posible que se dejen controlar por otro que además es su pareja?!

Pero soy yo quien se enrabia, soy yo quien se enoja. ¿porqué?
¿En qué me afecta a mí, lo que ellas hagan?
¿En qué me amenaza?

Y entonces, out of nowhere, nuestro asesor provoca descaradamente la exposición emocional que por mi cuenta no hubiese aceptado jamás de forma intencionada y voluntaria (sigo sin poder aceptar que, pór supuesto, es voluntario) y lanza la pregunta:

¿De qué te estás defendiendo? ¿A qué le temes?
¿Miedo? ¿La emoción era Miedo?

No fue fácil, no paraba de defenderme mientras él continuaba con sus preguntas...
... miedo, miedo a perder el control al entregárselo a otro, miedo de perderme yo misma,
miedo a quedar totalmente carente de fundamentos en la más absoluta y profunda soledad.

Mientras él insiste: "las veces que te ha ocurrido eso, ¿lo has pasado muy mal?
Mis ojos se humedecen, vuelvo a mirar el problema que distinguí, la forma como me expliqué a la consultante...
... Ya no siento rabia, sólo quiero escuchar su relato, entender qué le sucede a ella cuando siente que pierde el control, cuál será su miedo.

Quedan la aceptación y la curiosidad.

martes, 24 de agosto de 2010

Cuando esa extraña sensación... alivio?

Cuando el paciente no te lo dice, pero es posible apreciarlo, observarlo, experienciarlo en el evento.
Cuando la emoción humedece nuestros ojos y eriza nuestra piel.
Cuando parece que estamos viendo frente a nuestros la transformación más bella salir de su propia crisálida.
Cuando de pronto y fuera de toda expectativa, en ese espacio tan íntimo entre co-terapeutas y cliente,
aparece,
como si nada,
libre,
un otro capaz de reconstruirse desde sus propias cenizas.

Cuando parece que aquella psicoterapia funciona...